miércoles, 8 de agosto de 2012

Soy lo que pienso


Yo soy una persona transparente como el agua de un manantial. Lo que pienso lo digo. Soy así de sencillo. Pero no todo lo que pienso lo digo, hay que diferenciar decir lo que se piensa con ser un cabrón. Hay cosas que por mucho que las pienses no se dicen, porque hay una delgada línea separando la sinceridad con el hijoputismo. Todo lo que digo, lo pienso. Hay cosas que pienso, que no digo. Por una simple razón, por ej. si veo a una persona fea, no voy y le digo ‘oye macho, eres terrible’. Eso es ser un cabrón, no es decir lo que se piensa. Eso se puede pensar, pero no hay ninguna necesidad de decirlo. 

Una vez aclarado, prosigo. No me molesto en adornar lo que pienso por si acaso a alguien no le gusta, discrepa o cualquier otra cosa. Siempre y en todo momento recordando que mi libertad acaba donde empieza la del prójimo. Los adornos son para los artistas. Mucha gente se llena la boca diciendo que le gustan las cosas claras, la sinceridad y todas estas cosas, que no se van a enfadar porque les digas la verdad. Pero como es bien sabido, hablar es muy fácil. A la hora de la verdad, la sinceridad no sienta tan bien como se jacta la gente en proclamar. En este mundo de falsedad en que la apariencia (no sólo física, sino también el status social, lo que la gente quiere hacer creer que es, por ej. Un tío duro, etc.) lo es todo, la gente no está acostumbrada a escuchar las cosas como son, con total y absoluta sinceridad. 

Sé que es duro. Lo reconozco. Yo quiero eso para mí y así lo llevo a la práctica con los que me rodean. En este punto he de decir lo que yo experimento cuando alguien tiene el valor de decirme algo a la cara. Evidentemente, puede que me digan algo que no espero y que me cueste digerir. Pero si hay algo que me caracteriza es que escucho a la gente cuando me habla. Cuando los motivos que mueven a la otra persona a decirme algo a la cara son buenos, no por simple malicia, yo escucho. Escucho y analizo. No te voy a dar la razón en cinco minutos. Eso puedes tenerlo claro. Si me dejas meditar y pensar lo que me has dicho, ten seguro que puede ser todo lo duro que quieras lo que me hayas dicho, que tal vez hubiera sido mucho más fácil decirme una mentira piadosa, pero una vez que haya pensado en ello, te daré la razón y te lo agradeceré. Porque las palabras duras pueden ser bondadosas. Este es el punto en el que me encuentro. Yo quiero la verdad íntegra, sin adornos. Si en un principio me doliese, el problema sería sólo mío, porque el ego me impide aceptar aquello que me toca enfrentar. Pero tú habrás hecho bien, deja que sea yo el que decida si la verdad me va a doler o no, no seas tú el que tome esa decisión por mí. Porque eso es lo que quiero para mí. Del mismo modo, yo digo las cosas de la misma manera. No voy a decir una mentira piadosa, no voy a maquillar la realidad, voy a decir las cosas como son. Negar la realidad no la cambia. Maquillarla, a la larga, empeora las cosas. No estoy hablando de soltar las cosas como una jarra de agua fría. Se puede decir la verdad sin adornos sin ser bruto. Soy consciente de que la verdad, pero la verdad plena, puede sentar como una patada en zona sensible. Pero también soy consciente de que cuando esa verdad se piensa, se madura y se medita, se agradece. No hay lugar para la maldad en mi corazón. Todo lo que hago y digo lo hago con toda la bondad del mundo. Yo también me equivoco, sé que a veces podría decir lo mismo pero de otra manera. Me dejo llevar, y lo reconozco. Intento evitarlo. Pero cuando no puedo, quiero que quede claro que en ningún momento quiero hacer daño a nadie. NUNCA.

También soy consciente, como persona que observa la vida, que observa las relaciones entre las personas, que nunca, NUNCA, va a haber una satisfacción plena al 100% con lo que hagas. Cuando alguien dice una mentira piadosa, en el momento en que la otra persona se entere se va a enfadar porque no le dijo la verdad desde un principio. Si dice la verdad de golpe, se enfadará porque a la gran mayoría de personas le cuesta aceptarla. Por tanto, tenemos una disyuntiva con el mismo resultado en distinto orden. Habrá gente que diga que tal disyuntiva no existe, en mi opinión, una forma bastante pobre de engañarse a sí mismo. Pero cada uno que haga lo que quiera. Yo he optado y siempre optaré por la segunda opción. La verdad está por encima de todo. Sólo conozco a una persona, aparte de mis padres, con suficiente valor para decirme las cosas como las digo yo. El resto intenta suavizar la situación. Me gustaría que fueran más, pero es lo que hay. Sólo los débiles y los cobardes no se atreven a decir lo que piensan. 

Y ahora es la hora de preguntarme... ¿he sido cobarde alguna vez? Sí, lo he sido, por supuesto. Lo que se conoce como mentira piadosa. He dicho o he participado de alguna, de forma excepcional, pero lo he hecho. ¿Por qué, después de haber dicho todo esto... voy y digo una mentira piadosa? Bueno... hay cosas en la vida que no se pueden explicar. Sencillamente son. Supongo que hay algo que nos caracteriza y es que podemos ser flexibles. Ningún extremo es bueno. Una parábola china dice que un roble es fuerte y robusto, pero un viento fuerte acabaría partiéndolo por la mitad. En cambio, el bambú es flexible y, ante un viento fuerte se doblaría pero seguiría en pie. A veces, cuando sabes que la verdad va a hacer un daño irreparable, porque conoces a la otra persona, porque conoces su pasado, su presente, su educación, su forma de pensar, sus convicciones... el simple amor por esa persona te ha hace faltar a tus convicciones, traicionarte a ti mismo, tan solo para no ver un disgusto en su rostro. A veces te hace hacer cosas que no quieres tan sólo por respeto a sus creencias, para verle feliz. Para tratar de contentarle.  ¿Alguna vez no le he dicho a alguna persona lo que sentía por cobardía? También, muchas más veces que lo anterior. Y me torturo cada día por ello. ¿Tendré el valor algún día para hacerlo? Sí, no tengo ninguna duda. ¿Cuándo? Cuando llegué el día lo sabré.

Una vez dicho esto puede parecer que sólo me dedico a abrir la boca para decir todo lo que pasa por mi mente siempre que no sea ofensivo. Nada más lejos de la realidad. Me paso la mayor parte del tiempo escuchando, porque es la única manera de aprender de la gente. A veces me dicen... ‘¿y tú qué opinas? no te calles’. No digo nada no porque no tenga una opinión, sino porque me gusta escuchar y así poder comprender a la gente. No obstante, también muchas veces expreso lo que pienso sin que nadie me pregunte nada, que no parezca aquí que no tengo lengua. Cuando alguien me pregunta cualquier cosa, respondo lo que pienso. Yo siempre digo lo que pienso, pero no siempre hablo, he ahí el matiz. Hablo en dos circunstancias: como ampliaré a continuación, para decir cosas buenas, pero no por decir, sino porque las pienso y las siento. NUNCA digo nada que no sienta. Y en segundo lugar, cuando me preguntan. Yo nunca digo lo que se quiere oír. Digo lo que pienso. 

Como se puede apreciar, he tocado más a fondo el hecho de decir lo que pienso cuando es ‘‘conflictivo’’. Pero también, y mayoritariamente, digo lo que pienso cuando se trata de algo bueno. A veces me llaman pelota. No lo soy, normalmente la gente abre la boca para criticar, pero nunca para agradecer o decir cosas buenas. Es muy fácil decir cosas buenas de la gente. El problema es que no estamos acostumbrados a que se nos halague por el simple hecho de halagar. Sin más. Sólo expresar una opinión. Lástima. Muchas personas piensan algo y se lo guardan para sí mismas. Yo pienso algo y lo digo por dos simples motivos: porque no tengo miedo a expresar lo que pienso y siento (a excepción de lo anteriormente comentado) y, porque me da igual que mi opinión sincera pueda chocarle a la gente. Cuando digo algo bueno de una persona lo digo porque realmente así lo siento. Sino, no lo diría. No hay más. En realidad, mi vida es muy simple. Igual porque soy un hombre. Puede ser. Pero me va muy bien. No me complico la vida. Nunca en mi vida me he molestado en crear una persona ficticia a vista del resto del mundo para impresionar o intentar ser algo más de lo que soy. Soy quién soy y punto. Un joven de 20 años, a día de hoy, que dice lo que piensa, que llora si tiene que llorar, que ríe cuando tiene que reír, que intenta vivir la vida y no simplemente existir, que intenta agradar a su familia y a sus amigos, para hacerlos felices. Sí... no sé por qué, pero cuanto más ayudo a los que me rodean, más feliz soy. Sacrifico mis intereses por ayudar y lo hago encantado. Con tal de ver una sonrisa en la otra persona me llega. Cuanto más felices son los que me rodean, más feliz soy. Soy una persona feliz... ¿Qué más puedo pedir? (puede que una novia jajaja) No hay adversidad que me tumbe, nada borrará una sonrisa de mi cara. Todo es susceptible de empeorar, así que prefiero agradecer lo que tengo a perder el tiempo quejándome por lo que no tengo. Algo que mucha gente no comprende. Por eso para mí todos los días son buenos. 

Me veo obligado a acabar diciendo que, como creo evidente, no soy perfecto. Soy orgulloso, pero sé tragarme mis palabras, soy testarudo, creo que siempre tengo la razón, pero reconozco cuando me equivoco, aunque me cueste un mundo. Soy un poco vago, perezoso. Siempre me ha fallado la confianza, autoestima no muy elevada (por mucho que me guste echarme flores), a veces digo las cosas con demasiada vehemencia infundada y podría seguir diciendo defectos. Pero puedo decir que soy bueno. De eso no tengo ninguna duda. Y esto me importa mucho más que cualquier otra cosa. Soy bueno y siempre lo he sido. Por eso, a lo largo de mi vida, sobre todo cuando era un niño/adolescente, se han aprovechado de mí en numerosas ocasiones. Supongo que el hecho de que siempre fuera de baja estatura ayudó. Pero no me importa. La vida sigue su curso. Ahora soy un adulto (más o menos... xD), afortunadamente he crecido; soy cinturón negro de Kung Fu; voy al gimnasio. Y sigo siendo buena persona. Puede ser que puedan volver a aprovecharse de mí, pero no por ello me convertiré en un cabrón, como medio de defensa, porque ser bueno es mi vida. Tendré los defectos que quieras, pero moriré sabiendo que todo lo que he hecho lo he hecho de corazón. Sabiendo que no soy perfecto, pero que soy bueno. Puede parecer una tontería, pero es lo único que me importa. Todo lo que hago, todo lo que digo, lo guía la bondad que alberga mi corazón. Podrás decir que estoy equivocado, pero nunca podrás decir que actúo con maldad.

Amo la vida. Tengo unos ojos especiales para verla. Optimismo, ante todo. Positivismo. Bondad. Buena fe, creo en las personas. Pienso lo mejor de ellas, nunca pienso que actúan de mala fe, tal vez por eso me enfado poco. Tal vez por eso también me toman el pelo. Pero no me importa, porque entro en un bucle infinito con mi optimismo, lo que me hace tirar pa’ delante. Sinceridad, aunque me vaya a perjudicar, por ej. con mis padres. No me gustan las preguntas comprometidas porque soy incapaz de mentir. Prefiero no contestar antes que mentir, lo cual para mi desgracia, cuando se trata de preguntas comprometidas muchas veces equivale a responder. Honradez. Integridad. Confianza. Creo que soy una persona digna de confianza. Soy incapaz de incumplir una promesa, por eso, a veces desearía no prometer algo, porque sé que si lo hago, me veré obligado a cumplirla para no traicionarme a mí mismo ni a la persona a la que le he prometido algo. Alegría. Cariño. Amor, a mi familia, a mis amigos. Tardo mucho tiempo en amar, pero cuando lo hago, lo hago de verdad. A veces me gustaría no tardar tanto, pero me conozco, sé como soy. Y eso no lo puedo cambiar. Nunca he dicho ningún ‘te quiero’ que no haya sentido. Habré tardado, pero hasta que no lo  sienta no lo digo. Del mismo modo, tardo mucho tiempo en coger confianza con alguien, pero cuando la tengo, la valoro por encima de todo. Es por eso que romper ese vínculo me parece la mayor traición que me puedan hacer. Inocente, siempre he sido una persona muy inocente. Me creo casi todo lo que me dicen. Despreocupado con las cosas banales que, en realidad, son la mayor parte de todas las cosas de la vida. Por eso no sufro agobios, ni estrés. Soy bastante despistado, a veces desespero a la gente. Y con esta poca cosa, y alguna otra que seguro me olvido, soy feliz. No necesito más. 

Por ello, en definitiva, pese a lo “duro” que puedan sonar los primeros párrafos, todo lo que he escrito no es más que un proceso interno que experimento que he intentado transformar en palabras, que al ser estas limitadas, no pueden expresar al 100% lo que siento. En realidad, debido a mi optimismo, alegría, positivismo, digo lo que pienso, en efecto, pero casi todo es bueno, porque no puedo ver la vida con otros ojos. También digo cosas malas, como todos, eso es evidente, decir lo contrario sería mentir vilmente, pero creo que son pocas.

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